domingo, 16 de agosto de 2009

No hay huésped perfecto

He aquí el inicio del primer relato que he conseguido acabar, no satisfactoriamente, pero al menos el concluir algo ya es un comienzo no?

Llegó al mundo un día de niebla y tenue llovizna, ambiente digno para el naciemiento de todo protagonista de historia de misterio que se precie.
Aquello tuvo lugar en plena noche, en un callejón oscuro, solitario y taciturno. Nadie pasaba por allí, nada se oía, tan solo el desgarrador gemido de una mujer sin pasado ni futuro, que daba a luz a un ser pequeño y débil. Tan débil que apenas si se intuía el ligero movimiento de su tórax huesudo al respirar.
Sin embargo, apenas hubieron pasado unas horas del parto, aquella mujer de pelo raído y mojado por el sudor y las lágrimas que resbalaban por sus sienes, ayudadas por la fuerza de la gravedad, ese día más pesada que de costumbre, comenzó a palidedecer perdiendo cada vez más fuerza, la cual, como si de un acto mágico se tratase, era cedida al neonato que se hallaba sobre su abdomen. Así fue, como de la muerte de la predecesora, adquirió vida la descendencia.
Y fue en ese mismo instante en el que comenzó a vislumbrarse una extraña intranquilidad en su mirada, la cual sería reflejada en las pupilas de quien se atreviera a mirarle a los ojos.
Al amanecer, no habiendo despuntado aún los primeros rayos del sol, una anciana de ropas oscuras y ajadas pasó por allí y escuchó un llanto desolado. Acercose a observar la escena, viendo a aquel bebé envuelto en sangre y suciedad, y a la mujer, vencida por la muerte, de aspecto ya azulado.
Cubrió al niño con el pañuelo que llevaba sobre su pelo gris y se dispuso a llevarlo al orfanato de la ciudad. Por un segundo se planteó la posibilidad de llevarlo consigo y cuidarlo, pues se encontraba muy sola y aquel ser podría darle una razón por la que vivir, ya que hacía tiempo que no encontraba sentido alguno a su existencia; pero rápidamente descartó aquella opción al mirar a aquel ser desfallecido que sostenía entre sus brazos delgados y endebles. Ella ya era demasiado mayor, ¿cómo iba a encargarse de un niño tan pequeño y frágil?
Cuando se encontró ante aquella enorme puerta de madera envejecida, colocó al niño frente a ella, sobre el suelo. Aún se encontraba con los ojos cerrados, no respondía ante ningún estímulo exterior, como si su vida nada tuviese que ver con el mundo que le rodeaba. Mas, cuando la anciana acercara su puño tembloroso para tocar a la puerta, el niño abrió los ojos súbitamente, fijándolos sobre los de ésta. Asustada, huyó corriendo y jamás volvió a ver a aquel niño, pero en su mente quedaría grabada aquella mirada, la cual la acompañaría los pocos años de vida que le quedasen, atormentándola a cada instante...

2 comentarios:

  1. Hola!!! ya he conseguido entrar a tu blog, en algo me habría equivocado, porque antes no habia manera. Bueno cada vez q hagas una entrada medio interesante te escribiré, espero lo mismo! ^^

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  2. que chula la historia! aunque muy tsiteeee, escribes chachi!! un saludo! :D

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